Mariposa de hoja seca, entre más te quiero, más te aprieto, entre más te aprieto, más te destrozo.
Vuelas al viento ya hecha trizas, mil pedazos, escombro tibio afecto que asfixia y aun así abriga.
Noches que huelen a carbón, a merengue y a pastel Noches que me recuerdan a tu cama y a tu piel
Tag: Poesia
Por la noche deambulaba en la ciudad un gato negro gigante, y solo se escuchaba ronronear.
En esta habitación ajena, acostada al lado del hombre que la habita mientras él y todo el mundo duerme, escucho el ronroneo desde el quinto piso deslizándose por el suelo y la tierra abajo.
La cortina que cubre casi por completo la ventana apenas deja ver un poco de la oreja del gato.
El pelaje se traga el brillo de la luna color leche y naranja, la luz se transforma en azul y chispa muda.
De qué sirve el cuerpo si no para experimentar el alma? Para encarnar mi vulnerabilidad Crear nuevas fortalezas jamás antes vistas Pero secretamente soñadas y anheladas En noches frías de sueños largos Y ambientes pesados y etéreos
De qué sirve el cuerpo Si no para experimentar el alma? Que mi carne sepa los límites De la reinvención de uno mismo Rompiéndose donde creía que había fin Para escapar por rendijas De la jaula que lo protegía En creencias de mundos antiguos heredados
Tu nombre y la espuma
para siempre atadas al mar en mi memoria,
cuerpos líquidos, burbujas de estallido suave
en un siseo breve contra la arena.
Infinita geometría
en combinaciones efímeras,
delicadas,
frágiles.
Tu nombre y la espuma
vienen y van,
pactamos el mar y yo
el mismo destino:
desaparecer
en agua salada,
en Mar,
en llanto.
Me traga el agua,
hundiéndome en la costa, entre las partículas,
entre las conchas, bajo las pisadas.
El brutal incidente de tu cuerpo desnudo chocando con el mío: transferencia de sudor.
Contacto inesperado, húmedo resbalo, repentino azote de cuerpos con vigor.
Y la sangre, y el aire, se arremolinan.
Estallan como diminutos globos, revientan como majestuosas olas de agua salada en mi nariz roja. Mi nariz que sangra.
De mí brotan miles de dagas, apuñalan suavemente hasta el fondo del aire en una exhalación fugaz.
Mi mente persigue tu figura, acelerante. Te veo correr desde todas las direcciones, en todas las dimensiones que percibo y me describo como si viniera desde una nube de gas que no roba la respiración.
Jadeo. Vaho caliente. Saliva densa. Luces azules y rojas. Orbes flotantes: las más tenues, las que sólo veo de noche.
Pongo en escena la satisfacción de mi hambre por tu carne.
Perversión dulce.
De noche, en un sueño, vienes a mí a seducirme después de sedarme con el desliz húmedo del valle de mi cuerpo.
Sé, por tu visita, que en tu propia gota, con aroma a agua salada, te liberas.
Me he puesto a buscar tu cicatriz En cada torso, Entre las 7 y las 8 De cada ombligo que desfila En la pasarela vertical.
Es inconsciente, Un recuerdo incipiente De otra vida, otro cuerpo, otro momento. Otro cielo, otro azul, Una habitación con ventanas abiertas, Estructuras abiertas, Y cabello negro y corto.
Busco esa antigua herida horizontal Que nunca dejo de cuestionar, ¿Cómo es que fue a parar A donde quiero que vayan mis besos?
Llegar a conocer tu aroma.
Pienso, en un momento donde siento los dedos entumecidos, en el azul.
Y tu silueta, evocándome un sonido distante que anuncia tu presencia sin recurrir a la mirada.
Y pienso, en esta distancia, donde el cuerpo es el invitado que más se demora en llegar.
Llegar a conocer tu aroma.
Por destino o casualidad, estar en la presencia de tu ausencia, la más ligera, la más transitoria, y envolverme en el rastro palpable de las cosquillas que ahora me haces en la nariz.
Te proteges con transparencia.
Las emociones grandes siempre terminan buscando piel.
Tu coraza es densa. La rodeo.
No encuentro un punto que no resguarde de ti. De mí.